Epidemia de cansancio: el 70 % de los adultos en EE. UU. sufre fatiga crónica, según los CDC
Este fenómeno, impulsado por el estrés laboral y los trastornos del sueño, se ha consolidado como un desafío de salud pública
Esta fatiga impacta directamente en la productividad y la calidad de vida de millones de personas. Crédito: Shutterstock
El cansancio persistente dejó de ser una queja aislada para convertirse en un patrón de salud pública medible a nivel nacional.
Un un informe del Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS), dependiente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reflejó que el 71.5% de los adultos en Estados Unidos experimentó fatiga al menos algunos días durante los últimos tres meses, y un 16.6% la sintió con tanta frecuencia, la mayoría de los días o todos los días, que los investigadores la clasifican como «fatiga frecuente».
Cómo se diferencia el cansancio ocasional de un problema de salud
El informe, elaborado con datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud (NHIS) de 2024, aplicada a casi 32,000 adultos, distingue con cuidado entre distintos niveles de cansancio.
Mientras 54.9% de los encuestados dijo sentirse muy cansado o exhausto solo algunos días, un 10.7% reportó sentirlo la mayoría de los días y un 5.9% todos los días.
Solo el 28.5% de los adultos aseguró no haber sentido fatiga en absoluto durante ese periodo. Los autores del estudio, Natalie A.E. Young, Julie D. Weeks y Nazik Elgaddal, subrayan además que la fatiga es distinta de la somnolencia, porque se trata de un agotamiento físico o mental que no mejora simplemente durmiendo más o descansando.
Mujeres, jóvenes y hogares de bajos ingresos, los más afectados
La fatiga frecuente no se distribuye de forma pareja entre la población. Las mujeres la reportaron con mayor frecuencia (20.0%) que los hombres (13.0%), y los adultos más jóvenes resultaron más afectados que los mayores: 19.5% entre quienes tienen de 18 a 34 años, frente a apenas 12.9% entre los mayores de 65.
El nivel de ingreso también marcó una diferencia clara, pues los hogares con ingresos por debajo del umbral de pobreza reportaron fatiga frecuente en un 21.7% de los casos, comparado con 13.6% entre los hogares con ingresos más altos.
Por origen étnico y racial, los adultos indígenas americanos y nativos de Alaska presentaron la tasa más alta de fatiga frecuente (25.5%), mientras que los adultos hispanos registraron una de las tasas más bajas (12.9%), superados únicamente por los adultos asiáticos (9.1%).
Geográficamente, la fatiga frecuente resultó más común en el sur (17.7%) y el medio oeste (17.5%) que en el oeste o el noreste del país, y aumentó a medida que disminuía el nivel de urbanización: las zonas no metropolitanas registraron 20.5%, frente a 14.5% en las grandes áreas metropolitanas.
No es un mal rato: para muchos dura casi todo el día
Entre quienes reportaron fatiga frecuente, la experiencia no fue leve ni breve. Un 20.2% dijo que su cansancio duraba todo el día, y un 34.5% adicional lo sintió durante la mayor parte del día. En cuanto a la intensidad, 38.8% calificó su nivel de fatiga como «mucho», y otro 46.8% lo describió en un punto intermedio entre poco y mucho.
La fatiga casi nunca llega sola
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que la fatiga frecuente rara vez aparece de forma aislada. El 89.1% de los adultos que la experimentan reportó también dificultades en al menos uno de otros nueve dominios de funcionamiento evaluados, y la mitad (50.9%) reportó problemas en tres o más de esos dominios, frente a solo 16.9% entre quienes no padecen fatiga frecuente.
Los problemas que con más frecuencia acompañan a la fatiga son los síntomas de ansiedad (69.6%), las dificultades de concentración o memoria (46.1%) y los síntomas de depresión (45.0%). En comparación con los adultos sin fatiga frecuente, quienes sí la padecen tienen más del triple de probabilidad de reportar síntomas de depresión y casi el doble de probabilidad de reportar ansiedad o problemas cognitivos.
Un obstáculo real para trabajar y socializar
El impacto de la fatiga frecuente también se refleja en la vida diaria. Un 36.0% de los adultos dijo estar limitado en el tipo o la cantidad de trabajo que puede realizar, en comparación con apenas 15.3% de quienes no la padecen.
Algo similar ocurre con la vida social, donde el 29% reportó algún grado de dificultad para participar en actividades como visitar amistades, asistir a reuniones o ir a fiestas, frente a solo 7.9% entre los adultos sin fatiga frecuente.
Lo que este informe no puede responder
Los propios autores son claros en señalar un límite importante, ya que por tratarse de datos de una encuesta transversal, el informe no permite establecer causa y efecto, por lo que no es posible determinar, por ejemplo, si la fatiga provoca la ansiedad o los problemas de concentración, o si ambas cosas son consecuencia de una misma condición de salud subyacente.
Lo que sí deja claro el informe es que, cuando el cansancio se vuelve una constante casi diaria, rara vez se trata de un problema aislado, sino de una señal que suele venir acompañada de otras dificultades en la salud física, emocional o cognitiva de una persona.
Cuándo el cansancio deja de ser normal
Sentirse cansado de vez en cuando después de una mala noche de sueño o una semana exigente es parte de la vida. La diferencia está en la frecuencia y la persistencia, ya que si el agotamiento aparece la mayoría de los días, no mejora con el descanso, y empieza a interferir con el trabajo o las relaciones personales, ese patrón merece la atención de un profesional de la salud, que puede ayudar a identificar si hay una causa médica de fondo y a diseñar un plan de manejo adecuado.
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