Consumo excesivo de café podría afectar los huesos de mujeres mayores, según estudio

Los investigadores identificaron un patrón que reveló que superar las cinco tazas al día sí se relacionó con valores más bajos de densidad ósea

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Después de la menopausia, la cantidad de café que consumes importa Crédito: Shutterstock

Una taza de café por la mañana es, para muchas mujeres, un ritual imposible de romper, pese a ello, una investigación de largo aliento, publicada en 2025 en la revista científica Nutrients, reveló que consumir más de cinco tazas al día podría estar asociado con una menor densidad mineral ósea (DMO), el indicador que mide qué tan fuertes y resistentes son los huesos frente al riesgo de fracturas.

Diez años de seguimiento a casi 10 mil mujeres

El estudio, liderado por Ryan Yan Liu y Enwu Liu, de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Flinders, en Australia, analizó datos del Study of Osteoporotic Fractures (SOF), una cohorte de 9,704 mujeres de 65 años o más.

Durante aproximadamente una década, los investigadores midieron de forma repetida tanto el consumo de café y té como la densidad ósea en la cadera y el cuello del fémur, dos de las zonas más vulnerables a fracturas relacionadas con la osteoporosis.

A diferencia de investigaciones anteriores sobre el tema, que solían tomar una sola fotografía del hábito de consumo, este trabajo volvió a preguntar a las mismas mujeres en cuatro momentos distintos, lo que permitió observar cómo cambiaban tanto sus costumbres como su masa ósea con el paso de los años.

El umbral de las cinco tazas

En términos generales, el estudio no encontró una asociación directa que indique que el consumo general de café disminuyera la densidad ósea de cadera ni de cuello femoral. El detalle está en la cantidad de tazas al día consumes.

Los investigadores analizaron la relación con mayor precisión e identificaron un patrón que reveló que superar las cinco tazas al día sí se relacionó con valores más bajos.

El té, en cambio, contó una historia distinta, ya que su consumo se vinculó de forma consistente con una densidad ósea más alta en la cadera, un hallazgo que se mantuvo incluso después de ajustar los resultados por edad, peso, tabaquismo, actividad física y otros factores de salud de las participantes.

Por qué el café podría influir en los huesos

Los propios autores explican que la cafeína bloquea los receptores de adenosina en el organismo, lo que frena la formación de hueso nuevo y, al mismo tiempo, acelerar su desgaste natural.

Sobre ello, el estudio cita investigaciones de laboratorio que apuntan a que la cafeína podría reducir la actividad de los receptores de vitamina D en las células que construyen hueso, es decir la vitamina esencial que permite la absorción de calcio.

No todas las mujeres se ven afectadas igual

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con quién se ve más afectado. El vínculo entre el café y una menor densidad ósea en el cuello del fémur fue más marcado entre las mujeres que también consumían más alcohol, lo que sugiere que la combinación de ambos hábitos podría representar un riesgo mayor que cualquiera de los dos por separado.

Con el té ocurrió lo opuesto, pues su efecto positivo sobre la densidad ósea fue notablemente más fuerte entre las mujeres con obesidad, un grupo que, según los investigadores, podría beneficiarse especialmente de mantener este hábito.

Los límites de la investigación

Los propios autores fueron cuidadosos al señalar que sus hallazgos no prueban una relación de causa y efecto, sino una asociación estadística. También reconocieron que el consumo de café y té se midió mediante cuestionarios que las participantes respondieron ellas mismas, sin precisar el tamaño de la taza ni la concentración de la bebida, lo que pudo introducir cierto margen de error.

Asimismo, la muestra estuvo compuesta casi en su totalidad por mujeres blancas de Estados Unidos, por lo que los resultados no necesariamente se replican en otros grupos poblacionales.

Un hábito que vale la pena revisar con moderación

Ni el café ni el té deben verse como enemigos ni como soluciones mágicas para la salud ósea, y este estudio, por su propia naturaleza, no puede traducirse en una regla única para todas las mujeres.

El riesgo de osteoporosis depende de múltiples factores, entre ellos la genética, niveles de calcio y vitamina D, actividad física, antecedentes familiares u otros hábitos como el alcohol, que solo un profesional de la salud puede evaluar en conjunto.

Por eso, la recomendación más responsable frente a hallazgos como este no es cambiar de hábitos por cuenta propia, sino llevarlos a una consulta médica y preguntar por el riesgo personal de osteoporosis, revisar si los niveles de calcio y vitamina D son adecuados, y comentar abiertamente cuánto café o té se consume al día.

Esa conversación, más que cualquier cifra aislada, es la que permite tomar decisiones informadas y seguras sobre la salud ósea a largo plazo.

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