Qué es la misofilia: cuando oler la ropa interior usada de tu pareja te produce placer sexual

Una persona que es misofílica encuentra excitación o placer desde la práctica de oler la ropa interior usada de su pareja. Esta acción es un fetichismo y no está calificada como una enfermedad sexual

misofilia

Olfatear la ropa interior usada es un fetiche poco conocido, pero bien marcado en algunas personas. Crédito: Freepik

Si las escenas de 50 sombras de Grey te parecieron subidas de tono, pues te contamos que hay un sinfín de fetichismos que podrían sorprenderte y uno de ellos es la ‘misofilia’. Para muchos podría resultar desagradable, pero para los misofílicos se convierte en un poderoso recurso de excitación sexual.

En en su definición más exacta, la misofilia o parafilia consiste en oler la ropa interior de tu pareja. Pero no aquella que está dobladita en el gavetero, sino la usada… es decir, la sucia. La mayoría de las personas que se excitan por esta práctica siempre recurren a la prenda íntima que tenga algún rastro corporal: flujo, sangre menstrual, orina, semen e incluso excremento. ¿What?

Podrías pensar que se trata de una depravación, pero realmente no está calificada como una enfermedad o adicción. Es quizás similar al hecho de excitarse por el uso de malas palabras durante el acto sexual o la idea de la llamada “lluvia dorada”, en la que acá no vamos a ahondar. Cuando lo piensas, esto de la misofilia no luce tan extravagante en comparación a otras acciones.

La misofilia no se limita a la ropa interior de la pareja

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Aquí te va algo más… la persona que es misofílica no solo se excita por el olor de la ropa interior de su pareja, sino que puede hallar el placer en la prenda de alguien más.

Por ejemplo, imagina que vas con tu novio misofílico a la casa de una amiga y resulta que él gusta de ella (sin que lo sepas, claro). En un momento cualquiera, pide permiso para ir al baño y accidentalmente encuentra una prenda usada de tu amiga. Es casi seguro que acabará oliéndola para satisfacer esa necesidad.

Esto significa que el fetiche depende de que haya una atracción física o sexual entre el misofílico y el dueño de la ropa interior olfateada. De lo contrario, sencillamente la ignorará o le resultará desagradable. No es una enfermedad sexual, es un fetichismo poco conocido.

De acuerdo a 20 Minutos y la circulación de una creencia, en algunos países como Japón se encontraban en lugares específicos unas máquinas llamadas “burusera”, que es no es más que una expendedora de ropa interior femenina usada. Lo que sí es cierto es que para erradicar este tipo de prácticas, en la nación asiática se estableció una ley que restringe la venta de braguitas usadas.

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