Mi novio quiere vivir conmigo y no estoy segura: cómo saber si estamos listos

Es normal que la propuesta de tu novio para vivir juntos te cause inseguridad, pero es mejor hacer una pausa y meditarlo, que responder apresuradamente ante semejante oferta

Mi novio quiere vivir conmigo

Para sostener una convivencia, tú y tu pareja van a necesitar mucho más que solo amor. Foto: Freepik

Entre el noviazgo y el matrimonio existe una etapa para la relación que representa todo un desafío y es la de vivir juntos, o formalizar un concubinato, como se le llama a efectos legales y sociales. Este periodo es únicamente una decisión de ambos, y aunque la idea de convivir bajo un mismo techo suena compleja, resulta maravilloso.

Es completamente normal que la propuesta de tu novio para vivir juntos te cause inseguridad. Es mucho mejor hacer una pausa y meditarlo, que responder con prisa ante semejante oferta. Si sienten un profundo amor como pareja, habiendo confianza y respeto, este es un primer paso fundamental. Pero para confirmar si están listos hay una serie de señales que van guiarte.

En uno de sus programas de La vida es hoy, el psicoterapeuta venezolano Carlos Fraga mencionó que “en cualquier relación, entre un hombre y mujer, la convivencia es un negocio”. El especialista lo dijo en referencia a las costumbres, estilos rutinarios, manías y un sinfín de sutilezas de cada miembro que comenzarán a compartirse con la otra persona.

Si crees que el amor es suficiente para mantener un concubinato, desafortunadamente estás en un error. La convivencia es mucho más que eso y depende de factores externos e internos. El primero es lo que necesita la casa para sostenerse y lo segundo es cómo transformarla en un hogar.

8 señales aclaran si estás lista para vivir con tu novio

Tienen todos los materiales necesarios

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Esto implica electrodomésticos vitales como la cocina, una lavadora y el refrigerador, así como mesas, sillas y por supuesto la cama. Son todos aquellos implementos que les brindan la comodidad para iniciar la convivencia.

Hay estabilidad económica

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“Amor con hambre no dura, ni que el amor sea sincero”, dice una famosa canción. Si ambos tienen trabajos estables y una economía adecuada para mantener el arriendo de la casa, el pago de servicios y los alimentos, este es un paso muy bien cumplido.

Mentalidad independiente

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No significa que ya hayas vivido sola, pero si eres una persona acostumbrada a que te cocinen, laven la ropa y demás atenciones, al vivir con tu novio estos detalles van a cambiar drásticamente porque será momento de compartir dichas responsabilidades cotidianas.

Si es tu caso, no quiere decir que no estás lista para un concubinato, pero sí debes mentalizarte ante esos escenarios.

No tienes problemas con la familia de tu pareja

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Este es un requisito necesario y conveniente si la propuesta de tu novio es vivir bajo el techo de sus padres. Aunque convivir con tu suegra no es tarea fácil, es un primer paso para que aprendan a compartir en una misma casa, pero es recomendable que no tarden mucho en trasladarse a un lugar propio.

Sus estilos de vida se entienden

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Aquí es donde entran en juego los factores internos, aquellos que transforman la casa en un hogar. Los estilos de vida se refieren al horario laboral, momento de dormir y gustos para los fines de semana, entre otros detalles. La idea es que la convivencia no choque por las costumbres de cada uno.

Han demostrado ser un equipo

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¡Fundamental! Porque de este punto nacen las cooperaciones en el hogar: limpiar, cocinar, botar la basura, mantener la ropa acomodada y todas las labores domésticas necesarias.

Es vital que trabajen como equipo y sepan compartir los quehaceres del hogar.

Conocen sus defectos

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Otro punto de suma importancia. Pero no solo se trata de conocer los defectos de convivencia de tu pareja, sino comprenderlos y saber buscar la forma de corregirlos.

Puede que tu novio ronque por las noches, que tú dediques mucho más tiempo a arreglarte o que él acostumbre a lavar los platos dos horas más tarde y no justo después de comer. Más que defectos, continúan siendo hábitos.

Saben resolver sus conflictos

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Acá ya no vale apagar el teléfono, colgar una llamada o soltar un “luego hablamos”. En una convivencia los problemas se deben resolver con mucha comunicación. Y en caso de que estén en desacuerdo o en aires de discusión, el hogar debe seguir funcionando.

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