La ciencia detrás del mito de la «pareja feliz sin sexo»
La satisfacción sexual, más que la frecuencia, es un predictor más fuerte de la felicidad
Aumentar la frecuencia sexual no siempre aumenta la felicidad; puede disminuir el deseo y el disfrute. Crédito: Shutterstock
¿Puede un matrimonio sin sexo ser feliz? La pregunta no es nueva. En 2024, un artículo del New York Times Magazine sugería que sí, basándose en entrevistas con 30 parejas. La afirmación era provocadora porque desafiaba la idea de que una vida sexual satisfactoria es un componente esencial de una relación feliz.
El profesor Franz J. Neyer, psicólogo de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, decidió poner a prueba esta hipótesis. Junto a colegas de Canadá y Estados Unidos, examinó si sus datos de investigación respaldaban la existencia de un grupo significativo de «parejas felices sin sexo». Los resultados, publicados en el Journal of Family Psychology, fueron contundentes.
¿Se puede ser feliz sin sexo?
El equipo de Neyer analizó información de aproximadamente 2,100 parejas heterosexuales alemanas de entre 20 y 39 años. Los datos provenían del estudio longitudinal pairfam, que encuestó a unas 12,000 personas entre 2008 y 2022 para obtener información sobre su satisfacción vital y de pareja a lo largo del tiempo. Los hallazgos más relevantes fueron:
- Más del 86% de las parejas encuestadas declaraban estar muy satisfechas con su relación y mantenían relaciones sexuales con frecuencia, aproximadamente una vez por semana.
- Solo el 3,6% tenía encuentros sexuales con menor frecuencia, menos de dos o tres veces al mes, y se caracterizaba por una menor satisfacción.
- Cuando los investigadores buscaron específicamente parejas que tenían poco sexo pero seguían siendo muy felices, solo encontraron 49 parejas, lo que representa apenas un 2,3% del total.
«El grupo significativo de ‘parejas felices sin sexo’ no existe» , concluyó el psicólogo de Jena en el comunicado oficial de la universidad.
El matiz que los titulares suelen omitir
El profesor Neyer fue enfático en señalar que el estudio no pretende dictar cómo debe ser una relación. Como explicó en el comunicado de la Universidad de Jena: «Cada relación es diferente y muchos factores diferentes, que no incluimos en este análisis, juegan un papel en la satisfacción» .
El equipo también limitó su investigación al grupo de edad de adultos jóvenes (20 a 39 años), por lo que los datos no permiten analizar cómo cambia la relación con la edad.
El propio Neyer enfatizó que estos estudios son importantes para mostrar que los fenómenos de pareja que se discuten frecuentemente en los medios no necesariamente reflejan la realidad, y que ofrecen a los científicos la oportunidad de llevar preguntas de investigación al público y estimular el debate social.
Cuando la falta de sexo no es un problema
La evidencia científica sobre este tema no es unívoca. Investigaciones basadas en datos de la Encuesta Social General de EE.UU. han encontrado que, después de ajustar por factores sociodemográficos, las personas sin vida sexual reportaban niveles de felicidad similares a las sexualmente activas.
La diferencia clave parecía estar en la circunstancia, pues quienes no tenían sexo por decisión propia eran tan felices como quienes lo tenían regularmente. Quienes no lo tenían contra su voluntad, no.
Un estudio de la Universidad de Toronto encontró que existe una conexión entre tener sexo al menos una vez a la semana y una mayor felicidad, pero cualquier frecuencia superior a esa no mejora significativamente la relación. La investigación sugiere que el «punto óptimo» semanal marca un límite: más sexo no necesariamente equivale a más felicidad.
La paradoja de tener más sexo
Un estudio fascinante pidió a parejas que aumentaran su frecuencia sexual. Los resultados fueron inesperados revelando que las parejas que fueron instruidas a tener más sexo no reportaron ningún aumento en la felicidad. De hecho, experimentaron un estado de ánimo más bajo y menos disfrute del sexo.
La explicación de los investigadores es que esto se debe a que el aumento en la frecuencia sexual puede haber producido una disminución en el deseo y el disfrute del sexo. Cuando el sexo se convierte en una obligación, pierde su poder para generar bienestar.
El costo de la falta de sexo no deseada
La ciencia también ha documentado los riesgos de la falta de sexo no deseada. Un estudio transversal publicado en PubMed en 2025 encontró una asociación negativa significativa entre la frecuencia sexual autoinformada y las probabilidades de depresión. La frecuencia de 1 a 2 veces por semana mostró los mayores efectos protectores sobre el bienestar psicológico.
Otro estudio a gran escala publicado en PNAS con más de 400,000 participantes encontró que las personas sin sexo de por vida eran más nerviosas, más solitarias y menos felices. Los hombres sin experiencia sexual tendían a vivir en regiones con menos mujeres, y la falta de sexo era más prevalente en áreas con mayor desigualdad de ingresos.
La perspectiva cultural hispana
En la cultura hispana, donde la familia y las relaciones suelen estar en el centro de la vida, la presión por cumplir con ciertos estándares sexuales puede ser especialmente intensa. El familismo, el valor cultural que enfatiza la lealtad y unidad familiar, puede hacer que la falta de sexo en una relación se viva como un fracaso personal o un tabú.
La ciencia ofrece una perspectiva liberadora: la felicidad no depende de una frecuencia sexual específica. Depende de la calidad de la relación, la comunicación y, sobre todo, de que la decisión sobre la actividad sexual sea voluntaria y no impuesta.
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