Las ‘tradwife’ y su impacto en la salud mental de las mujeres
Casi la mitad de las mujeres de la Generación Z sitúan el estilo de vida tradwife por encima de la carrera corporativa
Muchas mujeres recurren al rol tradwife por depresión, ansiedad y depresión posparto, según la Dra. Rebecca Stotzer de la Universidad de Hawái. Crédito: Shutterstock
El fenómeno de las tradwife (esposa tradicional) ha escalado rápidamente en redes sociales, principalmente TikTok, donde mujeres venden una imagen impecable: un vestido de los años 50, una cocina reluciente, un marido que llega del trabajo y encuentra la cena caliente.
Esta estética que acumula millones de visualizaciones en TikTok no muestra la realidad completa, ya que detrás de esa postal de felicidad doméstica, psicólogos y sociólogos advierten sobre un costo emocional que rara vez se muestra en los videos virales.
Los académicos que han estudiado el fenómeno, en un número especial de la revista Psychology of Women Quarterly publicado en junio de 2026, describen a la tradwife como una figura que escenifica en plataformas digitales una versión idealizada y nostálgica de la feminidad doméstica.
El término #tradwife devuelve más de 120,000 publicaciones en Instagram y 4,25 millones de resultados en Google, según datos citados por medios como The Independent. Pero lo que parece una elección de vida nostálgica es, según los expertos, un fenómeno con consecuencias psicológicas profundas.
Entre el agotamiento y la idealización del pasado
¿Por qué tantas mujeres jóvenes están abrazando un rol que el feminismo pasó décadas desmantelando? La respuesta, según los investigadores, no es tan simple como un «retorno a los valores tradicionales».
Investigadores del King’s College London, a través de un estudio del Global Institute for Women’s Leadership publicado en octubre de 2025, llegaron a una conclusión que indica que lo realmente atrae a las mujeres jóvenes hacia este contenido no es una añoranza por el pasado, sino una respuesta al agotamiento que genera la presión de «tenerlo todo» en el mundo laboral actual.
La experta en generaciones Eliza Filby explica que «esta es la primera generación que ha crecido viendo a sus hermanos mayores y compañeros millennials hacer todo bien, obtener un título, seguir su pasión, conseguir un trabajo, y aún así no poder comprar una casa o pagar el cuidado de los hijos».
Un estudio de EduBirdie de 2026 encontró que casi la mitad de las mujeres de la Generación Z ahora sitúan el estilo de vida tradwife, casadas, con hijos y un hombre como sostén económico, por encima de la carrera corporativa de alta presión. La analista de cultura pop Julia Alexeenko lo resume: «Después de años de que les dijeran que trabajaran más duro, muchas mujeres están simplemente agotadas».
La psicóloga Sofía Pozner (MN 77174), en declaraciones recogidas por medios argentinos, explica que, a simple vista, el movimiento tradwife «parece bastante inocente y hasta amable: un grupo de mujeres que quieren volver a roles y tareas domésticas».
Sin embargo, al analizarlo más a fondo, «emerge un trasfondo inquietante y, hasta siniestro». Lo que el movimiento promueve no es solo una preferencia por el hogar, sino la idea de que la identidad femenina se define por ser «la esposa de un proveedor» .
Dependencia, presión y salud mental
La evidencia respalda las preocupaciones sobre el impacto en la salud mental. La organización de salud mental irlandesa Turn2Me ha advertido que el movimiento tradwife puede generar estereotipos de género dañinos, socavar la igualdad de género y aumentar los riesgos de depresión y ansiedad, especialmente en mujeres que sienten presión por cumplir con este ideal.
La organización también señala que las expectativas poco realistas del movimiento «pueden provocar ansiedad, depresión y una sensación de fracaso cuando las personas no pueden cumplir con estos estándares» .
La Dra. Rebecca Stotzer, profesora de Política Social de la Universidad de Hawái en Mānoa, ha investigado las motivaciones detrás de la adopción del estilo de vida tradwife. Según sus hallazgos, publicados en marzo de 2025 en la revista Terrorism and Political Violence, las mujeres que adoptan este rol son diversas, casi la mitad son mujeres de color, y muchas de ellas rechazan el feminismo, argumentando que ser una tradwife ofrece más libertad y realización que la vida corporativa.
Stotzer señala que «muchas hablaron de depresión, ansiedad, muchas hablaron de depresión posparto y otros problemas de salud mental». Estas mujeres «no percibían los lugares de trabajo como espacios acogedores y de apoyo» y vieron en el rol tradwife una forma de rechazar la presión de «ser una jefa, ser una emprendedora, ser una trabajadora incansable».
El análisis psicológico también revela que muchas mujeres que adoptan el rol lo hacen desde un lugar de búsqueda de estabilidad y control en un mundo percibido como caótico e inseguro. Sin embargo, esta búsqueda de seguridad puede tener el efecto contrario: «sofocar la creatividad, el crecimiento personal y la autoexpresión, todo en nombre de lograr una sensación de seguridad» .
La sumisión como negocio
El movimiento tradwife encierra una contradicción que los expertos no pasan por alto. Las mujeres que promueven la vuelta al hogar y la dependencia del marido están, paradójicamente, construyendo imperios mediáticos y generando ingresos propios.
Un ejemplo de ello es Hannah Neeleman, conocida como Ballerina Farm, que acumula más de 10 millones de seguidores mostrando su vida rural como madre de ocho hijos, según reporta The Independent.
En España, Roro Bueno supera los 14 millones de seguidores con videos cocinando para su novio. El diario español El País documentó el caso de Lupita Duarte, una creadora de contenido mexicoamericana en Fresno, California, que ha construido una audiencia de más de 600,000 seguidores en TikTok mostrando su vida como ama de casa, generando ingresos significativos a través de la plataforma.
La psicóloga Pozner advierte que este contenido, «que podría parecer inocente o fortuito, es un negocio y el fenómeno más paradójico de las redes sociales de los últimos años», la cual se centra en que estas mujeres están monetizando la misma dependencia que predican, ejerciendo una autonomía financiera que, irónicamente, contradice el mensaje de sumisión que promueven.
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