Infidelidad: lo que la ciencia dice sobre el engaño, el perdón y las segundas oportunidades
Según la APA, entre el 60% y el 80% de las parejas que entran en terapia tras una infidelidad permanecen juntas
La prevalencia de sexo extramarital es mayor entre puertorriqueños que entre mexicanos y mayor entre nacidos fuera de EE. UU. Crédito: Shutterstock
La infidelidad rara vez se discute en voz alta. Se susurra en las llamadas, se disimula en las cenas de Navidad y se carga en silencio, porque el «qué dirán» pesa más que el dolor propio, pero el silencio no borra que este problema es una de las principales razones por las que las personas buscan terapia, según señala el psicoterapeuta Marty Klein en un artículo de Psychology Today.
La terapeuta de pareja Esther Perel, reconocida internacionalmente por su trabajo sobre la infidelidad, sostiene que las aventuras amorosas no siempre son un síntoma de una relación fallida, porque pueden ocurrir incluso en matrimonios felices. Y aunque duelan, no siempre destruyen.
Existen algunos casos donde incluso pueden darle nueva vida a la relación, pero para llegar a ese punto, hay que desmontar primero los mitos que nos impiden entender lo que realmente está pasando.
El mito del control: «Si te vigilo, no me engañas»
Es una de las creencias más extendidas. Revisar el teléfono, exigir saber dónde está la pareja en todo momento, prohibir salidas a solas con personas del sexo opuesto. La lógica parece impecable, pero la psicología dice lo contrario.
Klein explica que, aunque una relación sana y con buena comunicación reduce las probabilidades de infidelidad, no existe garantía que la prevenga. Si alguien va a engañar, lo hará. Y aunque pudieras prevenirlo con un nivel de vigilancia extremo, la pregunta que queda en el aire es: ¿realmente quieres vivir así? Una relación basada en el control y la desconfianza no es saludable, independientemente de si hay o no infidelidad.
El mito de la motivación: «Siempre es por sexo o porque la relación iba mal»
Este es quizás el mito más dañino, porque lleva a las personas traicionadas a preguntarse obsesivamente: «¿Qué tiene esa persona que yo no tengo?». Y la respuesta, con frecuencia, es que no se trata de eso.
Klein señala que las personas engañan también por ira, necesidad de sentirse atractivas, necesidad de afecto o contacto físico, necesidad de sentirse amadas o necesidad de demostrar su autonomía. Lo que revelan muchos terapeutas es que el beneficio central de la aventura no fue el sexo increíble, sino sentirse escuchado, importante o vivo.
Perel profundiza en esta idea indicando que la infidelidad puede ser una búsqueda de algo que falta, pero no necesariamente en la relación de pareja. Puede ser una búsqueda de una versión perdida de uno mismo. Entender esto no justifica la traición, pero ayuda a mirar más allá del acto en sí.
El mito de la adicción: «Los infieles reincidentes son adictos al sexo»
Etiquetar a alguien como «adicto al sexo» puede ser una forma cómoda de explicar comportamientos repetidos, pero Klein invita a mirar más allá de la etiqueta.
Algunas personas que engañan una y otra vez pueden estar lidiando con problemas de salud mental diagnosticables, como depresión, ansiedad, trastorno bipolar o trastorno límite de la personalidad.
En estos casos la terapia suele ser útil y, para muchos, la medicación tiene beneficios adicionales, pero el artículo va más allá. Cuando las personas se describen a sí mismas como «adictos al sexo», generalmente quieren decir «alguien que sigue tomando decisiones sexuales cuyas consecuencias no le gustan».
¿Por qué lo hacen? Típicamente, porque no quieren enfrentar la vida sin el engaño y la negación que los protegen de realidades incómodas: aburrimiento, rabia, desesperanza o una relación sin sexo, indica Klein.
El mito de la confesión: «Siempre es mejor confesar»
La confesión suena a acto de honestidad y valentía, pero Klein matiza esta creencia con una pregunta clave: depende de lo que se quiera lograr.
Si el objetivo es simplemente liberarse de la culpa después de que la aventura haya terminado sin ser descubierta, eso sería bastante egoísta. Si la pareja traicionada descubre la infidelidad, generalmente es mejor reconocerla porque las mentiras y encubrimientos adicionales complican las cosas y pueden hacer casi imposible una reconciliación futura.
Aquí entra un matiz importante y es que abrir el tema de una aventura puede ser una forma poderosa de iniciar una conversación sobre cómo mejorar la relación. La crisis puede ser el detonante de un cambio profundo.
El mito del destino: «Una vez infiel, siempre infiel»
Las encuestas estiman que alguien que ha engañado antes tiene tres veces más probabilidades de volver a hacerlo. La estadística es contundente, pero no es un destino escrito en piedra.
Klein señala que muchos infieles quedan devastados por las consecuencias del descubrimiento de la aventura. Ya sea por el dolor de su pareja o por su propio sentido de vergüenza, algunos experimentan un shock que los lleva a la fidelidad, pero primero viene el shock.
Luego, terapia, introspección o un despertar espiritual. Si emergen con una nueva comprensión de sí mismos y de la intimidad, entonces están en condiciones de comprometerse con la fidelidad. Algunos de los mejores matrimonios se construyen eventualmente de esa manera.
El mito del final: «El matrimonio no puede sobrevivir a una infidelidad»
Si eso fuera cierto, la terapia de pareja sería una inversión pésima. La realidad, según la Asociación Americana de Psicología (APA), es que aproximadamente el 60 al 80 por ciento de las parejas que entran en terapia de pareja tras una infidelidad permanecen juntas con el tiempo.
La APA también documenta que la demanda de terapeutas matrimoniales y familiares crecerá un 13% en la próxima década, mucho más rápido que el promedio de todas las ocupaciones. Y la terapeuta Galena Rhoades, directora del Instituto de Ciencias de la Relación de la Universidad de Denver, señala que recibe un número alto de parejas que experimentan infidelidad, pero que hay muy pocos terapeutas bien capacitados para tratarlas.
Según la APA, la terapia de pareja que aborda la infidelidad es especialmente intensa porque hay una crisis y una urgencia, pero los datos muestran que, cuando ambas partes están dispuestas a trabajar, la reconciliación no solo es posible, sino frecuente.
La realidad hispana: más compleja de lo que parece
Un estudio publicado en el Journal of Family Psychology en 2022, basado en la Encuesta Nacional de Latinos y Asiático-Americanos, reveló que la prevalencia anual de sexo extramarital era significativamente mayor entre los puertorriqueños en comparación con los mexicanos, y también mayor entre los nacidos fuera de Estados Unidos que entre los nacidos en el país.
La satisfacción marital y la frecuencia de asistencia religiosa estaban asociadas con la probabilidad de infidelidad, pero no explicaban estas diferencias entre subgrupos.
Otro estudio, publicado en 2019 en la revista Sexuality and Culture, reveló algo que desafía los estereotipos. Veinte hombres hispanos/latinos participaron en una investigación sobre masculinidad y monogamia.
Los resultados mostraron que los hombres rechazaban el estereotipo social del «latino mujeriego». Valoraban la monogamia y consideraban la infidelidad como un fracaso demostrable para honrar los valores de respeto y responsabilidad.
Estos datos pintan un cuadro más matizado que el del «macho infiel» que a menudo se retrata en la cultura popular. La infidelidad en la comunidad hispana no es un monolito, más bien está atravesada por diferencias culturales, generacionales y de origen nacional.
La pregunta que duele: ¿y ahora qué?
Detrás de cada mito hay una pregunta más profunda. Perel sugiere que, en lugar de preguntarse «¿por qué lo hizo?», tal vez deberíamos preguntarnos «¿qué significa esto para nosotros?» y «¿qué queremos hacer con esto?».
La infidelidad duele porque rompe la narrativa de nuestra vida, pero también puede ser una oportunidad para reescribirla. No todas las relaciones deben o pueden sobrevivir a una infidelidad, pero para quienes eligen intentarlo, el camino no es fácil, pero tampoco imposible.
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