Por qué una buena amistad puede ser tan protectora para la mente como el dinero o el matrimonio

La calidad de los vínculos sociales merece ser tratada como un componente central de cualquier estrategia de salud mental

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La evidencia acumulada en este campo señala que los vínculos cercanos actúan como un amortiguador frente al estrés cotidiano Crédito: Studio Romantic | Shutterstock

Hay amistades que sostienen sin hacer ruido, a la que le cuentas un mal día, la que llama sin motivo aparente, la que simplemente está. La ciencia ha tenido dificultades para medir con precisión cuánto pesa ese tipo de vínculo en la salud mental de alguien, en parte porque los estudios solían limitarse a un solo país o cultura.

Ahora, una investigación publicada en el Journal of Mental Health, con datos de 204,907 personas en 22 países, indicó que sentirse satisfecho con las propias amistades está entre los factores que más se asocian con una mejor salud mental y física, por encima incluso de variables que solemos considerar más decisivas.

Sentirse acompañado, más que tener muchos contactos

El autor del estudio, Veli Durmuş, de la Universidad de Ciencias de la Salud de Kütahya, en Turquía, no midió cuántos amigos tenía cada persona, sino qué tan conforme se sentía con la calidad de esos vínculos.

Esa distinción no se trato de acumular contactos, sino de contar con relaciones en las que la persona se siente escuchada, valorada y respaldada. Quienes reportaron mayor satisfacción con sus amistades también calificaron mejor su salud mental y física en general, un patrón que se mantuvo constante pese a la enorme diversidad cultural, económica y religiosa de la muestra.

La amistad como amortiguador emocional

Ese efecto protector no es casualidad. La evidencia acumulada en este campo señala que los vínculos cercanos actúan como un amortiguador frente al estrés cotidiano que ayudan a regular las emociones, refuerzan la autoestima y ofrecen un espacio seguro para procesar las dificultades sin sentirse solo en ellas.

Es, en cierto modo, una forma de sostén invisible que opera incluso cuando no hay una crisis evidente de por medio, simplemente por saber que ese vínculo está disponible si se necesita.

Los lazos de la infancia dejan huella, pero no son el destino final

El estudio también encontró que las relaciones de la niñez con la madre y el padre se asocian con una mejor salud mental y física en la adultez, aunque con un peso menor que el de las amistades actuales.

Para Durmuş, esto sugiere que el entorno afectivo temprano deja una marca, pero no determina de forma definitiva el bienestar futuro de una persona: los vínculos que se construyen y se cuidan en la vida adulta pueden compensar, e incluso superar en importancia, lo que se vivió en la infancia.

Un factor que compite de tú a tú con el dinero y el matrimonio

Al comparar la fuerza de la amistad frente a otros factores tradicionalmente asociados al bienestar, como estar casado, contar con estabilidad económica o identificarse con una religión, ninguno de estos logró desplazar el peso que tuvo la satisfacción con las amistades dentro del conjunto de datos.

Es un recordatorio de que el bienestar emocional no depende de un solo pilar, sino de una combinación de vínculos, y que descuidar el de la amistad, a veces el más fácil de posponer en la rutina diaria, tiene un costo real y medible.

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