Consumir 7 bebidas azucaradas a la semana triplica el riesgo de calvicie en hombres jóvenes
Un estudio de la Universidad de Tsinghua reveló que el consumo elevado de gaseosas y jugos azucarados triplica el riesgo de calvicie temprana
Más de siete bebidas azucaradas a la semana triplican el riesgo de calvicie en hombres de 18 a 45 años Crédito: Shutterstock
Un estudio de la Universidad de Tsinghua (Pekín) halló que los hombres jóvenes que consumen más de siete bebidas azucaradas a la semana triplican el riesgo de sufrir alopecia androgenética, la calvicie de patrón masculino. Los datos se publicaron en la revista Nutrients.
El umbral de riesgo que afecta los índices de calvicie
Los investigadores analizaron a 1,028 hombres de 18 a 45 años de 31 provincias chinas y descubrieron que quienes tomaban más de siete refrescos, jugos con azúcar, bebidas energéticas o cafés endulzados por semana tenían 3,36 veces más probabilidades de presentar calvicie de patrón masculino que los que no consumían ninguna.
El estudio midió el consumo total, en el que el grupo con pérdida de cabello ingería una media de 4,293 ml semanales (el equivalente a unas 11 latas de refresco), mientras que los que conservaban el cabello apenas alcanzaban los 2,513 ml.
Un detalle importante que salió a la luz es que incluso después de ajustar estadísticamente los resultados por factores como la edad, el peso, los antecedentes familiares de calvicie, los hábitos de vida y el uso de tintes, el riesgo seguía siendo 1,78 veces mayor. Es decir, el vínculo entre azúcar y caída del cabello persiste más allá de otros hábitos de vida.
¿Por qué el azúcar daña el folículo?
Aunque el estudio no prueba que las gaseosas causen calvicie directamente, sí identificó una correlación fuerte y propuso varios mecanismos biológicos que explican cómo el azúcar puede dañar el cabello a largo plazo.
La doctora Ai Zhao, investigadora principal de la Universidad de Tsinghua, señala que el exceso de glucosa activa la vía de los polioles, una ruta metabólica que convierte la glucosa en fructosa en las células del folículo piloso. Este proceso agota la energía de los queratinocitos, que son las células encargadas de formar la fibra capilar. Como consecuencia, la producción de cabello se ralentiza y los folículos se debilitan.
Además, la literatura científica ya había documentado otros efectos indirectos:
- Resistencia a la insulina y desequilibrio hormonal: el consumo excesivo de azúcar puede provocar hiperinsulinemia, lo que favorece la producción de andrógenos (hormonas masculinas), acelerando la miniaturización del folículo, característica central de la alopecia androgenética.
- Inflamación crónica y estrés oxidativo: las dietas ricas en azúcar promueven un estado inflamatorio de bajo grado que afecta la microcirculación del cuero cabelludo y genera radicales libres que dañan las células del folículo.
- Pico de glucosa e insulina: cada vez que se consume una bebida azucarada, se produce un pico de glucosa en sangre seguido de una elevación de insulina. Este ciclo repetido a lo largo del día interfiere con el delicado equilibrio metabólico que requiere el folículo para mantener un ciclo de crecimiento normal.
La calvicie afecta a uno de cada dos hombres
La calvicie de patrón masculino (alopecia androgenética) es la forma más común de pérdida de cabello en varones. Según los datos del estudio chino, el 57,6% de los participantes de entre 18 y 45 años ya presentaban signos de pérdida de cabello. A nivel mundial, las cifras son igual de impactantes: alrededor del 25% de los hombres muestra signos de calvicie antes de los 21 años, y la proporción supera el 50% a partir de los 50 años. En el Reino Unido, la sanidad pública (NHS) calcula que 6,5 millones de hombres sufren esta condición.
Aunque la genética sigue siendo el factor determinante, los hombres con antecedentes familiares de calvicie son los más predispuestos, el estudio de Tsinghua demostró que el estilo de vida también influye.
De acuerdo con el Daily Express, los participantes que combinaban el consumo elevado de azúcar con otros factores de riesgo, como fumar, dormir poco, llevar una dieta pobre en verduras o tener altos niveles de ansiedad, presentaban un riesgo aún mayor de pérdida de cabello.
Cabe destacar que que los propios autores del estudio subrayan que la investigación es observacional y transversal, es decir, que demuestra una asociación estadística, pero no puede establecer una relación de causa y efecto directa, pues los datos no permiten afirmar que las bebidas azucaradas causen calvicie, sino que existe una relación que justifica seguir investigando.
La doctora Ai Zhao reconoce abiertamente esta limitación y señala que se necesitan estudios de cohortes prospectivos y ensayos clínicos aleatorizados para confirmar los hallazgos. No obstante, los mecanismos biológicos propuestos (la vía de los polioles, la inflamación y la resistencia a la insulina) están bien documentados en la literatura científica, lo que otorga plausibilidad a la asociación observada.
Cómo cuidar el cabello desde la alimentación
Los hallazgos del estudio de Tsinghua no deben interpretarse como una sentencia, sino como una oportunidad para tomar decisiones informadas. Reducir el consumo de bebidas azucaradas, refrescos, jugos comerciales, bebidas energéticas y cafés endulzados, es un paso sencillo que beneficia no solo al cabello, sino a la salud en general.
Además, la ciencia también ha identificado nutrientes protectores. Una revisión sistemática publicada en Nutrition and Health en 2025, que analizó 17 estudios con más de 61,000 participantes, concluyó que niveles adecuados de vitamina D, hierro y proteínas se asocian con una menor severidad de la alopecia, mientras que las dietas ricas en vegetales crucíferos (brócoli, coliflor) y alimentos antiinflamatorios pueden ayudar a preservar la densidad capilar.
La lección principal es que el azúcar no solo afecta la cintura o el corazón, sino que también puede estar dejando una marca invisible en el cuero cabelludo. Y lo más tranquilizador es que, a diferencia de la genética, la alimentación es un factor que sí está en nuestras manos modificar.
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