‘Úsalo o piérdelo’: ¿Qué hay de cierto en la atrofia del pene y la vulva?

El miedo a que los genitales se "atrofien" por falta de sexo tiene un fundamento real, pero está sobredimensionado

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La testosterona juega un papel clave en el deseo sexual y la salud del tejido eréctil Crédito: Shutterstock

La idea de que los genitales pueden «encogerse» o atrofiarse si no se usan es un temor recurrente, alimentado por mitos y la expresión popular «úsalo o piérdelo». Pero, ¿qué hay de cierto en esto?

La respuesta de la ciencia es que el riesgo de atrofia por desuso es real, pero aplica de manera diferente y con matices importantes para hombres y mujeres, y suele estar más vinculado a cambios hormonales y condiciones de salud subyacentes que a la abstinencia sexual en sí misma.

En los hombres: el riesgo de la «atrofia por desuso»

Para el pene, el concepto de «úsalo o piérdelo» tiene cierta base fisiológica. El Dr. Tobias Köhler, urólogo de la Clínica Mayo, explica que si un hombre pierde la capacidad de tener erecciones, puede ocurrir cierta atrofia peniana.

De acuerdo con Köhler, la falta de erecciones regulares reduce el flujo sanguíneo y la oxigenación de los cuerpos cavernosos, el tejido esponjoso que se llena de sangre durante la erección, lo que puede llevar a una pérdida de elasticidad y, potencialmente, a una reducción del tamaño. Esta condición se conoce como atrofia peniana por desuso.

Los especialistas señalan que esta atrofia no ocurre por una abstinencia sexual temporal, sino por un período prolongado sin erecciones, a menudo asociado a disfunción eréctil. La Clínica Mayo confirma que la atrofia por desuso puede ocurrir y que el uso de una bomba de vacío para mantener erecciones puede ayudar a prevenirla.

En los foros de la Clínica Mayo, los pacientes discuten que el encogimiento del pene está «directamente relacionado con la falta prolongada de erecciones», lo que lleva a que el tejido eréctil esponjoso sufra atrofia con el tiempo. El Dr. Paulo Egydio, especialista en urología, señala que la atrofia por desuso «puede reducir la longitud y el grosor del pene».

Un factor crucial que complica la relación causa-efecto son los niveles de testosterona. Un estudio en ratas, publicado en Hormones and Behavior, demostró que la disminución del comportamiento sexual durante el envejecimiento es causada principalmente por la caída de testosterona y no por la pérdida de neuronas.

Esto sugiere que los cambios hormonales asociados a la edad, más que la inactividad sexual, pueden ser el verdadero motor de la atrofia.

En las mujeres: el papel dominante de las hormonas

En las mujeres, la situación es diferente, porque la atrofia vaginal y vulvar no es causada por la falta de sexo, sino por la disminución de estrógenos, que ocurre naturalmente durante la menopausia. Esta condición se denomina síndrome genitourinario de la menopausia (GSM), anteriormente conocido como atrofia vaginal.

Los tejidos de la vulva y la vagina son altamente dependientes del estrógeno. Sin suficiente estrógeno, los labios se vuelven más delgados y frágiles, y la vagina se vuelve más seca, menos elástica y puede «atrofiarse», es decir, hacerse más pequeña. La Clínica Cleveland confirma que al menos la mitad de las mujeres que entran en la menopausia muestran signos de GSM.

La falta de actividad sexual no causa esta atrofia, pero puede empeorarla. La Clínica Cleveland señala que si se tiene actividad sexual con penetración con menos frecuencia, se puede tener un mayor riesgo de atrofia vaginal de moderada a grave.

La ginecóloga Katie Propst, de la Clínica Cleveland, explica que la vagina puede estrecharse si no se es sexualmente activa, por lo que una de las cosas más importantes que se pueden hacer para preservar la función y evitar la atrofia es continuar teniendo relaciones sexuales.

La actividad sexual regular ayuda a mantener la elasticidad vaginal y a contrarrestar los efectos de la falta de estrógeno. Los estudios muestran que las mujeres sexualmente activas tienen estadísticamente menos atrofia vulvovaginal que el grupo inactivo.

El factor común: la testosterona y el deseo

La testosterona es crucial para el deseo sexual en ambos sexos. Un estudio de 2013, publicado en el Journal of Sexual Medicine, encontró que el 72% de las mujeres con deseo sexual hipoactivo tenían niveles bajos de testosterona, incluso con niveles normales de estrógeno.

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