La forma en cómo le hablamos a nuestras mascotas puede revelar nuestro vínculo con ellas
Un equipo de la Universidad de Arizona creó la primera herramienta para medir cómo hablamos con perros y gatos en la vida real
Los resultados muestran que dedicamos casi el 10% de nuestro tiempo hablado a las mascotas. Crédito: Drazen Zigic | Shutterstock
Un estudio de la Universidad de Arizona creó una herramienta para medir cómo hablamos con perros y gatos en la vida cotidiana. La investigación, publicada en Frontiers in Psychiatry en agosto de 2026, analizó 5,072 fragmentos de audio de 240 participantes y encontró que las personas dirigen a sus mascotas el 9,2% de todo su tiempo hablado.
La doctora Emily Bray, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Arizona, explicó a Newsweek el problema que buscaban resolver: «Mucha gente que tiene una mascota dice: ‘Sé que este animal marca una diferencia en mi vida’, y sin embargo los estudios siguen siendo mixtos. Necesitamos datos objetivos sobre lo que la gente realmente dice».
El método que capturó conversaciones reales
Los investigadores usaron una aplicación para teléfonos inteligentes llamada Grabadora Activada Electrónicamente (EAR). La aplicación se enciende en momentos aleatorios del día y graba fragmentos de 30 o 50 segundos del sonido ambiental. Durante el estudio, los participantes supieron que estaban siendo grabados, pero no cuándo.
«Muy a menudo, en los estudios de interacción humano-animal, la gente se inscribe sabiendo que el tema es su relación con sus mascotas», dijo Bray. «Desde el principio, tienes una muestra sesgada. Nuestro estudio es lo más imparcial posible».
El equipo identificó 5,072 clips de cuatro proyectos anteriores en los que había evidencia de que un perro o un gato estaba cerca. Los investigadores describieron a los participantes como «adyacentes a mascotas» porque los proyectos originales no siempre registraban la tenencia.
La variación extrema en la forma de hablar con los animales
La investigación, liderada por la estudiante de doctorado Dara Jonkoski, encontró una variación enorme en cómo las personas hablan con sus animales.
Se evidenció que algunos usaban apodos en todos los clips y otros nunca los usaban. Algunos hablaban con un tono agudo y exagerado, parecido al que usamos con los bebés. Mientras que un grupo conversaba con sus mascotas casi como si fueran interlocutores humanos, comentando el clima, los planes futuros o las compras del día.
Para analizar estas conversaciones el equipo creó AURAL-Pet, un sistema de codificación con 30 categorías que cubren comandos, preguntas, elogios, quejas, apodos, frustración y cambios en el tono de voz.
Dos codificadores escucharon los mismos clips y marcaron la presencia o ausencia de cada comportamiento. En 22 de las 23 categorías de sí o no, el acuerdo entre los codificadores alcanzó el estándar establecido.
«Esperamos que AURAL-Pet se utilice en estudios futuros para entender cómo las diferencias en estos estilos de interacción se relacionan con la salud mental y los resultados de bienestar», señaló Jonkoski.
El próximo paso: adultos mayores y bienestar
El equipo ya aplica la herramienta en un proyecto llamado C.A.R.E., dirigido por los profesores Matthew Grilli y Jessica Andrews-Hanna, que recopila datos de salud mental de adultos mayores de 60 años.
Bray plantea dos posibles mecanismos. Que la mascota ocupe el lugar de un compañero social o que actúe como catalizador social, ayudando a iniciar interacciones con otras personas.
La profesora Megan Mueller, de la Universidad de Tufts, que no participó en el estudio, dijo a Newsweek que «la forma en que hablamos e interactuamos con nuestras mascotas es probablemente una ventana importante a nuestras percepciones de estas relaciones y los posibles beneficios».
Por qué es importante hablar con las mascotas
Aunque las mascotas forman parte de la vida diaria de muchas personas, el impacto real que tienen en el bienestar humano sigue sin estar del todo claro.
Por un lado, diversas investigaciones previas asocian el convivir con un animal con menores niveles de soledad o depresión. Por otro lado, hay estudios que no muestran beneficios evidentes.
Esta discrepancia se debe, en parte, a que la sola presencia de una mascota no define el tipo de vínculo que existe entre ella y su dueño.
A modo de ejemplo, dos personas pueden ser dueñas de perros y, aun así, relacionarse y comunicarse con ellos de formas totalmente distintas.
Las limitaciones que los autores reconocen
En el estudio, los autores advirtieron que la investigación no demuestra que ciertas formas de hablar con las mascotas mejoren la salud mental, ya que el objetivo era probar una herramienta de medición, no establecer causalidad, por lo que las grabaciones de audio tienen limitaciones. Al no tener video, no siempre se puede saber si la mascota está cerca o si es un perro o un gato. El sistema solo se probó con personas de habla inglesa.
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