Un vínculo que perdura: así es como las células de tu madre viven en tu cuerpo para siempre
El microquimerismo materno es un fenómeno científico que demuestra que las células de la madre permanecen en el cuerpo de sus hijos durante décadas
Durante el embarazo, las células de la madre atraviesan la placenta y se integran en el cuerpo del hijo, donde pueden permanecer décadas. Crédito: fizkes | Shutterstock
El vínculo entre una madre y su hijo es uno de los más profundos que existen. Va más allá de lo emocional. Esta conexión es conocida por la ciencia como microquimerismo materno.
Una herencia celular que perdura para siempre
El doctor Carlos Camilo Silva Méndez, investigador de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM, explica que el término «microquimerismo» proviene de la mitología griega de la Quimera, una criatura compuesta por partes de diferentes animales. En biología, describe a un organismo que contiene células con material genético distinto al suyo, provenientes de otro individuo.
El microquimerismo materno ocurre cuando las células de la madre cruzan la placenta y se integran en el cuerpo del hijo, donde pueden permanecer durante décadas e incluso toda la vida. Este intercambio celular ocurre en todos los embarazos, comenzando desde las primeras semanas de gestación.
La literatura científica documenta casos de mujeres que conservan células fetales en su cuerpo hasta 20 o 30 años después de haber dado a luz. Este es un legado biológico que perdura más allá del embarazo.
Un escudo inmunológico que se activa desde el útero
La ciencia ha comprobado que estas células no son pasajeras. Pueden permanecer durante años formando parte de distintos tejidos, incluyendo el sistema inmunológico. Su presencia es tan significativa que se ha postulado que el microquimerismo materno actúa como un «legado inmunológico» para el recién nacido, con beneficios que pueden extenderse hasta la vida adulta.
Estas células participan activamente en la respuesta del cuerpo ante infecciones y en la regulación de diversas funciones biológicas. Un estudio publicado en EMBO Molecular Medicine destaca que las células quiméricas se mantienen en el huésped alogénico (madre o feto) durante años después del nacimiento, y que su presencia está vinculada tanto a efectos beneficiosos como a la reparación de tejidos.
La lactancia, el intercambio que continúa
Pero el vínculo no termina con el parto. Un artículo de revisión publicado en la revista Perinatología y Reproducción Humana señala que la lactancia materna permite que la madre transfiera biocomponentes al bebé, incluyendo células, anticuerpos y bacterias comensales.
Esta transferencia no es unidireccional, ya que el bebé también transfiere células madre a su madre, que pueden alojarse en órganos clave, como el cerebro.
Una investigación publicada en PubMed en 2025 confirma que la lactancia promueve el tráfico de células inmunitarias de la madre al neonato, resultando en un microquimerismo materno que ayuda a madurar el sistema inmunológico y a prevenir alergias y enfermedades autoinmunes.
El microquimerismo materno transforma el embarazo y la lactancia en una red de comunicación bidireccional que perdura toda la vida. Es la prueba más tangible de que el amor de madre no solo se siente, sino que se lleva escrito en cada célula del cuerpo.
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