¿Debes eyacular para tener un orgasmo pleno? La ciencia responde
La presión pornográfica por eyacular genera ansiedad de rendimiento y aleja del placer real basado en relajación y autoconocimiento
Las glándulas de Skene producen eyaculación femenina, un proceso diferente al squirting y no necesario para un orgasmo pleno. Crédito: Shutterstock
La eyaculación femenina siempre ha estado envuelta en prejuicios. Uno de ellos es el mito de que si una mujer no eyacula o hace el popular squirting significa que no disfrutó del acto sexual. No obstante, esto está muy lejos de la realidad.
De acuerdo con la académica Diana Paz, de la Facultad de Psicología de la UNAM, la eyaculación femenina y el squirting son dos fenómenos distintos. Mientras la primera es un fluido viscoso y poco abundante que proviene de las glándulas de Skene, el segundo es una expulsión copiosa de líquido claro cuya acumulación se ha localizado en la vejiga mediante estudios ecográficos.
La industria pornográfica ha difundido una imagen exagerada y engañosa de este proceso, generando presión sobre las mujeres y sus parejas para alcanzar algo que no todas experimentan y que, lejos de ser un requisito para un orgasmo exitoso, es solo una respuesta fisiológica posible entre muchas otras.
La ciencia ofrece una mirada más tranquila, donde muestra que el placer femenino no se mide en chorros, sino en comodidad, autoconocimiento y comunicación de pareja.
Eyaculación femenina vs. squirting: dos fenómenos distintos
La confusión entre eyaculación femenina y squirting tiene dos causas: la falta de estudios rigurosos sobre sexualidad femenina y la influencia de la pornografía, que ha popularizado una imagen espectacularizada del orgasmo.
De acuerdo con Diana Paz, entrevistada por UNAM Global, la eyaculación femenina es un fluido de aspecto viscoso que se expulsa de manera gradual, nunca en chorro, y su volumen es escaso, apenas una sensación de humedad que contribuye a la lubricación. E
En cambio, el squirting es una eyección de decenas a cientos de mililitros de líquido transparente que sale de la uretra con presión, una imagen que la pornografía ha explotado hasta convertirla en un espectáculo. La investigadora advierte que abundan en redes sociales consejos poco acertados, como beber agua antes del acto sexual para conseguir un squirting, y recomienda no seguirlos.
Las glándulas de Skene, también llamada próstata femenina, se sitúan a ambos lados de la uretra y son responsables de la eyaculación femenina. Expulsan alrededor de un mililitro de un líquido espeso y lechoso cuya composición incluye antígeno prostático específico (PSA) y fructosa, sustancias similares a las del semen masculino.
No todas las mujeres tienen glándulas de Skene del mismo tamaño o funcionalidad. En cuanto al squirting, la evidencia apunta a la vejiga como origen. Un estudio dirigido por el ginecólogo Samuel Salama utilizó ecografías en siete mujeres y mostró que sus vejigas se llenaban durante la excitación y se vaciaban tras la expulsión.
Una investigación posterior inyectó tinte azul en las vejigas de cinco voluntarias. El líquido expulsado apareció teñido, demostrando su origen vesical. Sin embargo, su composición no es exactamente la de la orina, sino una mezcla diluida. Diana Paz señala además que la eyaculación femenina tiene una función antiséptica que ayuda a proteger la uretra, un propósito biológico muy alejado del espectáculo pornográfico.
La presión de la pornografía y la ansiedad de rendimiento
La pornografía ha convertido el squirting en una meta aspiracional, presentándolo como el indicador de un orgasmo intenso y pleno. Esta representación ha generado una expectativa poco realista, donde muchas mujeres se preguntan si algo les falla si no expulsan líquido, y muchos hombres se sienten presionados a provocar esa respuesta.
Como señala Paz, “se ha propagado la idea de que si una mujer no experimenta un squirting, entonces no disfruta o no llega al orgasmo”. Este fenómeno no es común, no todas las mujeres lo experimentan ni tienen por qué hacerlo. La desinformación solo amplifica la brecha orgásmica, donde los hombres alcanzan el orgasmo con más frecuencia que las mujeres durante las relaciones de pareja.
La presión por cumplir con un guion pornográfico puede desencadenar ansiedad de rendimiento sexual: una preocupación excesiva por el desempeño que, en las mujeres, puede traducirse en bloqueo del deseo, dificultades para la excitación e incluso incapacidad para alcanzar el orgasmo.
Al estar atenta a si va a expulsar líquido, la mujer se desconecta de las sensaciones reales de su cuerpo, justo lo contrario de lo que favorece una respuesta sexual satisfactoria.
Relajación y autoconocimiento: el verdadero camino al placer
Si la eyaculación femenina o el squirting han de formar parte de la vida sexual de una mujer, es más probable que ocurran en un contexto de relajación y seguridad que bajo presión. Paz dice que el estrés activa el sistema nervioso simpático, incompatible con la relajación necesaria para el placer. Para que el suelo pélvico permita la expulsión de fluidos, es fundamental que la musculatura no esté contraída por la ansiedad.
Algunas mujeres encuentran que la estimulación de la pared anterior de la vagina (zona del punto G) puede desencadenar la eyaculación femenina, pero esto no ocurre en todas ni tiene por qué ocurrir.
La sexóloga Miren Larrazabal Murillo, en declaraciones recogidas por La Voz de Galicia, explica que muchas mujeres se han obsesionado con encontrar su punto G cuando “realmente no tienes ni por qué encontrarlo, porque todo el cuerpo es susceptible de producir placer”.
El objetivo no es localizar un punto mágico ni forzar una respuesta corporal, sino explorar las propias sensaciones sin expectativas. Desde el autoconocimiento, cada mujer puede descubrir qué tipo de estimulación le resulta placentera y si la eyaculación o el squirting aparecen como una respuesta natural, no forzada. La comunicación abierta con la pareja ayuda a quitar presión y permite que ambos se concentren en el disfrute compartido en lugar de en el cumplimiento de metas irreales.
Como concluye Diana Paz, las mujeres pueden alcanzar el orgasmo por diferentes vías, vaginal y a través de la estimulación del clítoris, cuya función biológica es proporcionar placer, pero raramente se estimula durante la interacción sexual. No es que el cuerpo no sepa, es que la educación sexual y los mandatos culturales han invisibilizado lo que la anatomía ya sabe.
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