Cómo hablar de salud mental con mis hijos: encuesta revela que madres y padres necesitan apoyo para iniciar este tema

Una encuesta de On Our Sleeves advirtió que la mayoría de los padres de niños de 18 años o menos conocen la importancia de hablar con ellos sobre la salud mental, pero no están seguros de por dónde empezar

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Cuando se presente alguna situación que desborde las emociones, ya sean placenteras o displacenteras, llámalas por su nombre: tristeza, asco, miedo, enojo, alegría o sorpresa; y exprésale a tu hijo que son válidas. Crédito: Shutterstock

Probablemente te has preguntado “¿cómo hablar de salud mental con mis hijos?”. Es algo común, una encuesta de la organización On Our Sleeves advirtió que la mayoría de los padres de niños de 18 años o menos conocen la importancia de hablar con ellos sobre la salud mental, pero no están seguros de por dónde empezar.

La organización dedicada a la salud mental infantil preguntó a 700 padres y cuidadores sobre el tema en una encuesta en línea realizada por The Harris Poll entre el 5 y el 7 de abril.

El 93% reconoció que es importante hablar con sus hijos sobre la salud mental. Pero casi el 60% dijo que necesita ayuda para saber cómo iniciar la conversación.

De la misma manera, menos de la mitad de los padres encuestados informaron que sus familias hablaban abiertamente sobre la salud mental cuando eran niños.

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Así que si sientes que no sabes cómo comenzar a hablar de salud mental con tus hijos, a continuación te decimos cómo hacerlo:

Dale nombre a sus emociones y valídalas

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Cuando se presente alguna situación que desborde las emociones, ya sean placenteras o displacenteras, llámalas por su nombre: tristeza, asco, miedo, enojo, alegría o sorpresa; y expresale a tu hijo que son válidas.

Por ejemplo, si tu hijo es pequeño puede ser algo como: Estás enojado porque un niño tomó el juguete que estabas usando, te entiendo. Te gustaba mucho ese juguete, pero se debe usar por turnos y ya le tocaba a él. Ahora tú puedes usar los demás.

Si tu hijo es un poco más grande, es un/a adolescente, puedes aprovechar este mismo tipo de situaciones para dejarlos a ellos manifestar sus sentimientos que pueden ser más complejos que los de los pequeños.

Asimismo, ayúdale a identificar aquellos sentimientos que no sepan comprender como la frustración, la ansiedad, el estrés, etc.

Considera que los niños pueden sentirse avergonzados de hablar sobre sus preocupaciones, obsesiones, compulsiones, impulsividad y otros problemas de conducta. Hazlo desde la escucha activa, la curiosidad y la empatía.

Evita los diagnósticos como insultos

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Evita las frases que contengan un diagnóstico a manera de insulto. Es usual que palabras como “loco” “psicópata”, “esquizofrénico” o “bipolar” se usen de manera ligera.

Sin embargo, decir frases con ellas crea más estigma en torno a la salud mental y su tratamiento.

Desde la manera en la que presentes a tu hijo esta realidad sobre enfermedades mentales configuras su percepción respecto al tema.

Abordarlo con seriedad y empatía es lo más prudente. Usa un lenguaje no estigmatizante, para que puedan ver primero a las personas y después los trastornos.

Por ejemplo, en lugar de decir “Ella está deprimida”, dile “Ella tiene depresión”. En lugar de decir “Es bipolar”, di “Tiene trastorno bipolar”.

Profesa la empatía

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Cuando crías a tu hijo validando sus sentimientos y emociones es más sencillo que sean empáticos. Una manera de hacerlo es nunca minimizando un problema, es decir, evita decirles “podría ser peor” o “simplemente ignóralo”.

Ya sea que estén o no afectados por un trastorno de salud mental, pueden ser defensores de una mejor comprensión de las personas que los padecen al desafiar el lenguaje y las creencias dañinas cuando escuchan cómo se sienten los demás.

Hablarles de su propio diagnóstico

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Los niños pueden escuchar acerca de sus problemas médicos y entenderlos. Puedes explicar a tu hijo que los problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión, el TDAH y el TOC, también son afecciones físicas que comienzan en su cerebro.

Da explicaciones concretas sobre lo que padecen y cómo lo pueden enfrentar en conjunto. Por ejemplo, contarles que el cerebro controla los sentimientos, los pensamientos y el comportamiento. Debido a que es una “sede central” del cuerpo, pero a veces, pierde el equilibrio, y se debe manejar con tratamiento, que puede incluir medicamentos, terapia y/o psicoterapia.

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