3 consejos para evitar que adolescentes con emociones difíciles caigan en adicciones

Los métodos cobran fuerza cuando se sabe el momento exacto en que deben aplicarse

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Foto: Unsplash

Las adicciones y malos hábitos son “demonios” que buscan atacar con fuerza en la etapa adolescente. Esto debido a la vulnerabilidad que presenta la persona por su desarrollo hormonal, curiosidades, dudas, sentimientos de afecto hacia alguien más, donde se experimenta amor y rechazo, y sobre todo por el desentendimiento con sus padres.

Precisamente son ellos quienes están en la responsabilidad directa de ayudarle a controlar estos aspectos que derivan en emociones fuertes y complicadas. Si el adolescente no las supera del modo correcto tiende a refugiarse en adicciones.

Estos malos hábitos pueden ser cigarrillo, bebidas alcohólicas, videojuegos, antidepresivos y las drogas, que resulta el peor escenario.

Sin embargo, existen recomendaciones que hoy vamos a presentarte para que las cumplas una por una. Todas tienen un valor importante dependiendo del momento en que comencemos a aplicarla.

Toma en cuenta que los adolescentes pueden desarrollar conductas manipuladoras donde engañan, e incluso amenazan con revelar secretos, autolesionarse o escapar de casa. No te confíes de cualquier palabra, promesa o gesto, ya que la adicción destapa personalidades irreconocibles.

Identifica y analiza lo que siente

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El acercamiento debe ser paciente y transmitiendo apoyo incondicional. Foto: Unsplash

Los adolescentes esconden secretos, pero difícilmente las emociones. Cuando apreciamos cambios repentinos de humor, transformados en tristeza, rabia, frustración y deseos de soledad, es imprescindible investigar cuál es el motivo que lo está provocando.

Lo más sensato es establecer una comunicación directa con el adolescente, pero es un error insistir en que exprese lo que siente. Es preferible iniciar una conversación tradicional donde se toquen varios temas y allí notar si alguno de ellos le crea incomodidad, le incita al silencio o a expresar una emoción de forma visceral.

También es recomendable observar sus gestos cuando lee un mensaje de texto o recibe una llamada telefónica. Todo esto sin hacerle sentir que está siendo vigilado.

Tanto chicos y chicas pueden disparar una emoción repentinamente y esto es clave para identificar cuál es la razón priva su paz y felicidad.

El momento de actuar

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Es importante que los padres estén unidos y entregados al problema del adolescente. Foto: Unsplash

Evitando en la medida de lo posible que haya enfrentamientos, imposiciones ni invasión a su espacio personal. Como madre o padre tu rol influente tiene más poder del que te imaginas, pero la idea es aplicarlo a tu favor y en favor del adolescente.

No te apresures, espera el lugar y momento idóneo para abordar sus emociones. También toma en cuenta que las desconfianzas o prejuicios son tus peores enemigos y solo incitan a que se aleje de ti, perdiendo el control sobre su estabilidad.

Ayuda familiar o profesional

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Transmitir que el problema es familiar reduce responsabilidad al adolescente. Foto: Unsplash

Si sientes que la situación se escapa de tus manos y has perdido el rumbo para apoyar al adolescente, todavía te queda una valiosa carta y es solicitar el apoyo de un familiar, amigo o psicólogo.

Las dos primeras tienen un efecto de influencia mayor, pero son más riesgosas que buscar ayuda profesional.

Si optaste por la tercera hay un punto vital para que el adolescente acceda: la consulta con el psicólogo es para ambos. Cuando el joven aprecia que tú también lo necesitas automáticamente deja de sentirse como el principal problema, lo cual es fundamental en su proceso de recuperación emocional.

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