Sumergirse en frío: el inesperado aliado contra la depresión

La inmersión en agua fría gana respaldo científico como práctica complementaria para mejorar el estado de ánimo

hombre en baño con hielo

Una inmersión en agua fría puede activar el sistema nervioso y estimular la liberación de endorfinas, lo que algunos estudios vinculan con mejoras en el estado de ánimo en personas con depresión Crédito: Shutterstock

Meterse en agua fría no suena precisamente atractivo, pero cada vez más estudios sugieren que ese impacto inicial podría tener beneficios directos sobre la salud mental. En especial, en personas que viven con depresión.

Evidencia desde Reino Unido

Un estudio publicado en la revista BMJ Open analizó a adultos que practicaban inmersiones en agua fría de forma regular, donde los investigadores observaron que, tras varias semanas, los participantes reportaron una disminución de los síntomas depresivos y una mejora sostenida en su estado de ánimo.

En la misma línea, un caso clínico difundido por BMJ Case Reports documentó cómo una mujer con depresión severa logró reducir su medicación tras incorporar natación en aguas frías a su rutina semanal, bajo supervisión médica. Aunque se trata de un solo caso, aporta una pista relevante sobre el potencial terapéutico de esta práctica.

¿Qué ocurre en el cuerpo?

Expertos citados por el equipo británico explican que el choque térmico activa el sistema nervioso y aumenta la liberación de endorfinas y dopamina, neurotransmisores asociados con el placer y la motivación.

Asimismo, de acuerdo con la Mental Health Foundation, este tipo de exposición puede reducir el estrés y mejorar la resiliencia emocional cuando se practica de forma controlada.

Precaución antes de lanzarse

Aunque la tendencia crece, no es una práctica que deba hacerse sin preparación. Especialistas citados por la National Health Service advierten que la exposición repentina al agua fría puede provocar hiperventilación, aumento brusco de la presión arterial y estrés cardiovascular, especialmente en personas no habituadas.

Por eso, los especialistas recomiendan comenzar de forma progresiva en esta práctica. ¿Cómo? con duchas frías cortas y evitando hacerlo en solitario y, sobre todo, tener a la mano el contacto con un médico si existen antecedentes cardíacos, respiratorios o trastornos de ansiedad en el paciente.

Un contexto que no se puede ignorar

El interés por este tipo de prácticas también responde a una realidad más amplia. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los hispanos en Estados Unidos enfrentan barreras importantes para acceder a servicios de salud mental, y reportan síntomas de depresión en proporciones relevantes, especialmente en contextos de estrés económico y migratorio.

Esta brecha ha impulsado la búsqueda de alternativas accesibles que complementen los tratamientos tradicionales.

En este escenario, donde la salud mental sigue siendo un tema urgente, la inmersión en agua fría aparece como una herramienta adicional, más no como una solución total, que, si es bien aplicada, puede ofrecer alivio real en la vida cotidiana.

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